Mi vocación: Sor Mª Trinitat

¡Hola! Mi nombre es Sor Mª Trinitat, soy monja jerónima; hace 31 años que entre en el Monasterio de San Matías, de Barcelona. Y sigo pensando que la vocación es el regalo más grande que me ha hecho el Señor.

Había vivido una infancia normal, si por normal entendemos en el seno de una familia trabajadora, creyente, más o menos practicante, y una educación humana y cristiana bastante aceptable. Pude acceder a estudios superiores: estudié Biología; después me concedieron una beca de la Generalitat y estuve 1 año en Inglaterra realizando la parte experimental de la Tesis doctoral.

En 1983 obtuve el título de doctor y una plaza de profesora de Agricultura en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona. Era un trabajo que para mí había sido un sueño, un ideal, una meta a conquistar: una plaza de profesora en la Universidad que me permitía dedicarme a la docencia y a la investigación al mismo tiempo, con una libertad de todo tipo que no permitían otros trabajos. Y eso de la libertad era muy importante para mí, en aquellos momentos.

Y cuando ya lo tenía todo, algo empezó a removerse en mi interior; una especie de insatisfacción, de necesidad de hacer algo más para los demás. Un sacerdote conocido me envió al Monasterio de San Matías, sólo para hablar con una monja. Y fui a hospedarme en el Casal, la casa de silencio que al lado del monasterio, rogando a Dios (como me habían aconsejado) que me hiciera ver qué quería de mí. Nadie de los que me conocían podía pensar que Dios me llamaría a la vida monástica. Para mí aquella vida no tenía ningún sentido; la vida apostólica, sí: hospitales, escuelas, asilos, misiones,… pero allí… alabar a Dios de la mañana a la noche, rezar por los demás… ¿qué valor tenía la oración?

A los ocho días mis amigos, mi familia, incluso los profesores de la Facultad y algunos alumnos empezaron a notar que a mí me pasaba algo. ¿Me había enamorado? Si así era, ¿de quién? No hace falta que os cuente el resto de la historia: a los 8 meses entraba en el monasterio.

El Señor entró en mi vida con tanta fuerza que era imposible cerrar la puerta. Nunca hubiera dejado el sueño, mi sueño de trabajar en la Universidad… y lo dejé porque el Señor se convirtió en el más grande, no sueño, sino amor real, anclado en el corazón, con fuerza para dejarlo todo sin dudarlo.

Hay algo que para mí fue clave en el camino hacia el paso definitivo de mi entrada en el Monasterio. Mi padre había fallecido hacía dos años y no tengo más hermanos. La Comunidad, a pesar de ser mayor de edad, para poder entrar me pedía el consentimiento, por escrito, de mi madre. Ella, el día de la Inmaculada, el 8 de diciembre de 1.985, me dijo delante de la priora que no me lo daría nunca. A mí se me cayó el mundo encima. Entonces la Hna. que me había acompañado en mi camino durante aquellos meses me dijo: “Empieza a darle gracias a Dios por el día que tu madre te dará el permiso”. Y yo le respondí: “Esto ya es demasiado: ¿cómo quieres que le dé gracias a Dios por el día que mi madre me dará permiso si ha dicho que no me lo daría nunca?”. Y ella añadió: “Créeme, tu hazlo”. Y lo hice. Sin entenderlo, pero lo hice. Y el día 1 de febrero, no hacía dos meses, mi madre me firmó el permiso. Nunca podré dudar de la Voluntad de Dios respecto a mi vocación.

Soy consciente de que no hay heroicidad en mí: fue pura gracia, inmensa gracia del Señor. Pienso que yo no he dejado nada; el Señor me ha dado mucho más al entrar en el monasterio.

Después vino aquel cambio de vida. Los primeros meses descubriendo día a día el gozo íntimo de permanecer siempre con el Señor, de sentirlo más vivo, más presente en cada momento. Nuestro carisma es el estudio amoroso de la Sagrada Escritura, y esto me ha ayudado mucho en mi vida. El comentario de la Escritura cada día durante la época de formación y después en comunidad, ayuda a confrontar tu vida con la Palabra, a confrontar actitudes, sentimientos, y a meditar las actitudes y los sentimientos del Señor en cada circunstancia de su vida.

Han pasado 31 años volando. Cada vez pasan más deprisa. Ha habido muerte y vida; tinieblas y luz; dolor, sufrimiento y alegría; errores y aciertos pero por encima de todo un camino de búsqueda continua de la voluntad del Señor.

Y, por si uno piensa que puede instalarse, acomodarse, en el seguimiento del Señor, Él te pone en marcha cuando menos lo esperas, como a Abraham: sal de tu tierra hacia donde yo te diré… Eso me ocurrió después de 30 años en el mismo monasterio! El Señor me pedía salir de la instalación, después de haber sido 15 años Priora del monasterio y siendo Presidenta de la Federación Jerónima: siendo jerónima siempre, llevar a cabo un intento de renovación del lenguaje, de la comunicación de nuestro precioso carisma jerónimo para que jóvenes de hoy en día descubran la belleza de este carisma tan central en la Iglesia, en una vida pobre, sencilla, fraterna, escondida, de adoración de Dios, de intercesión por los hermanos, de evangelización, como hicieran San Jerónimo y Santa Paula en Belén hace 16 siglos. Y así comenzamos una pequeña semilla de vida monástica jerónima en el Monasterio y Santuario de Santa María de Refet el 23 de marzo de 2016.

Alabado sea el Señor por siempre!

                                                                                                                                                                                   Sor Mª Trinitat, osh